El mercado educativo actual comete un error fundamental. Mayoritariamente está obsesionado con optimizar la venta de cursos, enfocándose en la mera transacción económica: dinero a cambio de un título. Esto resulta en costes de captación insostenibles y tasas de abandono altas.
Mi metodología se basa en una premisa simple: El producto no es el curso. El producto es el alumno transformado.
Para lograrlo, diseño ecosistemas basados en tres pilares interconectados:
El diseño instruccional no puede ser estático. En lugar de contenidos estandarizados e 'iguales para todos', necesitamos rutas de aprendizaje vivas. El objetivo es integrar el aprendizaje en el flujo de vida real del usuario, no al revés. Para ello, haremos uso de tecnologías y la metodologías adaptativas.
El marketing deja de ser publicidad para convertirse en educación inmersiva. Diseño arquitecturas de contenido que resuelven dudas, reducen la ansiedad de compra y posicionan la marca como autoridad antes, durante y después de que ocurra la matrícula.
La retención no la da el contenido, la da la pertenencia. Estructuro espacios donde los alumnos aprenden entre pares, convirtiéndose en embajadores orgánicos de la marca y reduciendo la dependencia de la publicidad pagada.
Este framework es la base de mi pensamiento estratégico y mi práctica profesional.
Creo firmemente que el futuro de la educación se construye en red. Por eso, siempre estoy abierta a conectar y debatir con otros líderes del sector, instituciones y profesionales que quieran explorar cómo humanizar la tecnología educativa y mejorar la experiencia del estudiante.
Si estos pilares resuenan contigo, sigamos la conversación en LinkedIn.